La alfombra o manta de juegos es el pequeño mundo de los niños más pequeños: allí se sientan, gatean, se tumban y llevan a la boca lo que encuentran. Por eso recoge migas, babas, restos de comida y polvo del suelo con mucha rapidez. Lavarla con regularidad y con productos suaves es la forma más sencilla de mantenerla agradable y lista para usar.
Antes de nada, mira la etiqueta de cuidado. Las mantas de tela suelen poder lavarse en la lavadora, pero las alfombras de espuma o con relleno necesitan otro cuidado, normalmente con un paño húmedo. Si se puede meter en la lavadora, elige un programa suave y un detergente delicado y sin perfume, y lávala sola, para que se aclare bien. Saca las migas y el polvo con una sacudida al aire libre o con la aspiradora antes de lavarla.
Aclarar bien y secar del todo
El aclarado es especialmente importante en este caso. Como los pequeños tocan la alfombra con las manos y la cara, conviene que no queden restos de jabón en la tela. Si tu lavadora lo permite, añade un aclarado extra. No mezcles nunca productos de limpieza distintos y evita los que huelen mucho.
Para secarla, cuélgala en un lugar con buena ventilación, o extiéndela sobre un tendedero, hasta que quede completamente seca por dentro. Una alfombra húmeda que vuelve al suelo se llena de mal olor y no debe usarse hasta que esté seca del todo. Si la sacas al sol, dale la vuelta a mitad del secado para evitar que se destiñan los colores.
Entre lavados, sacude la alfombra cada día y pasa un paño ligeramente húmedo por las manchas frescas. Así la limpieza grande será menos frecuente y más fácil. Tener dos mantas y alternarlas ayuda mucho: mientras una se lava y se seca, la otra está lista. Con estos hábitos, el rincón de juegos se mantiene limpio y acogedor para los más pequeños. Revisa también de vez en cuando las costuras y los bordes, porque un hilo suelto puede acabar en manos de un bebé.